viernes, 5 de octubre de 2018

Etiopía-2017


Etiopía
Que decir de Etiopía, un país que te deja una huella en el alma difícil de olvidar, por poco sensible que uno sea.
Otro de los sueños de mi marido era recorrer este país, sobre todo recorrer el complejo de iglesias excavadas desde arriba hacía abajo de Lalibela.
Etiopía, antiguamente Abisinia, es un país interior, no tiene ningún contacto con el mar. Esta situado en la parte del continente conocida como "el cuerno de África. Tiene una población de más de cien  millones de habitantes.

Se dice que es el único país que nunca fue colonizado del continente africano, aunque fue ocupado por los italianos durante cinco años. Es uno de los países más antiguos del mundo en practicar la religión cristiana. En su capital Adís Abeba se encuentra la sede de la Unión Africana.

Tras un largo vuelo, vía Estambul, llegamos a Adís Abeba y después de alojarnos, hicimos una ruta de primera toma de contacto con esta ciudad caótica, como casi todas las capitales de este continente, donde se entremezclan edificios modernos, a medio construir, con las casas más humildes que uno se pueda imaginar.

Tras visitar el museo nacional y ver sus piezas arqueológicas y como no, el esqueleto de Lucy, de la cual se pensó durante muchos años que fuese el homínido más antiguo del mundo, la madre de la humanidad, nos dirigimos a descubrir esta urbe de mas de tres millones de habitantes. Recorrimos sus amplias avenidas y como no, su gran “merkato”, en el que se podía entrar en coche, pero no se sabía en que momento uno sería capaz de salir de semejante laberinto, ya que el caos era tal que ni siquiera se explica uno como es posible negociar en tales circunstancias, a pesar de que según nos cuentan, antes conservaba más el ambiente típico del país y en la actualidad parece que se entremezcla lo antiguo con una cierta modernidad, por llamarlo de alguna manera. No me lo puedo imaginar en otro tiempo. puede que sea uno de los mercados al aire libre más grandes que hay visto jamás.












De vuelta en el hotel decidimos ir a tomar una copa a una especie de bar-restaurante con espectáculo autóctono que se encontraba muy próximo. Allí disfrutamos del folclore en vivo y en directo en un ambiente muy agradable. Un lugar singular y bastante pintoresco, donde el último día volveríamos con nuestros compañeros de viaje para despedirnos de Etiopía.



Al día siguiente volamos a Bahar Dar y nos reunimos con las otras tres parejas que nos acompañarían durante todo el itinerario.

Por la tarde, a unos 30 km. de Bahar Dar nos dirigimos a las cataratas del Nilo Azul. Una impresionante catarata de 45 metros de altura conocida como Tis Abay (agua humeante) y que de azul no tenían nada, más bien era marrón, ya que en la época en que fuimos, las aguas arrastran los sedimentos y se tornan en marrón oscuro al igual que las del lago Tana, pero realmente valía la pena ver el impresionante espectáculo.



















Amanece y tenemos la previsión de recorrer en un barquito el lago Tana y dirigirnos a una de sus múltiples islas para visitar la iglesia Ura Kidane Mehret con sus singulares pinturas y posteriormente hacer una paradita en el templo Azuwa Maryam. Todos estos monasterios, mas de veinte, se encuentran cargados de misterios y leyendas. Se dice que son santuarios naturales.













De vuelta del lago Tana realmente había poco que hacer en la ciudad al anochecer, dimos un ligero paseo por los alrededores de Baha-Dar y fuimos a parar todos juntos a otro espectáculo folclórico semejante al del día anterior.





Por la mañana partimos hacia la ciudad de Gondar haciendo una parada en otro de los multiples mercados que se extienden a lo largo de todo el país.

Son realmente pintorescos e interesantes de ver, pues te proporcionan una visión bastante completa de su forma de vida.









Una vez en Gondar, visitamos su centro histórico, sus castillos, la piscina del rey Fasilidas y el monasterio de Debre Birhan Selassie. Gondar fue la capital de Etiopía y tiene uno de los primeros castillos que se conocen en la historia de Africa. Dispone de un recinto amurallado que contiene seis castillos y un complejo de túneles.

Parecen sacados de un cuento medieval.

























Pasamos la tarde paseando por esta ciudad especial y contemplando sus inmensas fortificaciones hasta alojarnos en un hotel con vistas increíbles para descansar y así poner rumbo al día siguiente hacia el plato fuerte de nuestro viaje “Lalibela”

Partimos temprano hacia nuestro nuevo destino Lalibela, pero tras contemplar los paisajes increíbles del camino, hicimos una parada muy especial en Awranda, que no es ni más ni menos que una cooperativa textil, creada en 1985 y que es la única sociedad atea que se encuentra en África. Está formada por 400 personas aproximadamente. Su filosofía se basa en la política igualitaria entre todos sus miembros, sean hombres o mujeres, en el cuidado de los mayores y en la alfabetización de toda su gente. El centro de esta comunidad es su biblioteca. Realmente tiene una visión de la igualdad clara y profunda que se debería extender por toda África y más bien por todo del mundo, pero como todas las ideas perfectas, no pasan de ser una utopía minoritaria.





















Llegamos a Lalibela por una carretera imposible y eterna, que más que una carretera parecía un camino de cabras.

Si hay algo por lo que vale la pena viajar a Etiopía es por el complejo de las iglesias de Lalibela comunicadas entre sí por túneles y pasadizos, excavadas en sentido inverso a lo que estamos acostumbrados, es decir de arriba hacia abajo. Se cree que fueron construidas entre los siglos X y XIII.

Biet Medhani Alem, la más grande, no alberga pinturas en su interior y en ella se encuentra la Cruz de Lalibela y se cree que sea la mayor iglesia monolítica del mundo.

Fueron declaradas por la Unesco patrimonio de la Humanidad en 1978 y quizás la más conocida sea la de “Biet Ghiorgis”(San Jorge). A Lalibela se le denomina la Jerusalén Africana, ya que es principal lugar de peregrinación de los cristianos ortodoxos etíopes. Uno no se puede explicar como fueron capaces de crear estas maravillas arquitectónicas en aquellos tiempos, con medios tan rudimentarios.

En una de ellas llegamos a la hora de culto y escuchamos como los monjes cantaban oraciones sin parar. Nos comentaron que lo hacían durante horas hasta el amanecer.¡ verdaderamente increíble!, y por esta razón en el hotel nos habían dado unos tapones, cuya utilidad no entendimos al principio, pero que más tarde comprendimos al escuchar durante toda la noche los cánticos ininterrumpidos. Al parecer se aproximaba la Navidad, ya que su calendario es diferente al nuestro y por este motivo también podíamos ver en los mercados venta de gallinas vivas que los más pudientes compraban o intercambiaban para celebrar estas fiestas.













No cabe duda de que como obras arquitectónicas son impresionantes, aunque defraudan los interiores que no resultan atractivos, llenos e sucias alfombras y esterillas, aunque sus cuadros bastante antiguos y mal conservados son realmente impactantes. Nos comentaban que, en algunos casos, las pulgas podían ser nuestras compañeras de visita.





Tuvimos que atravesar un túnel “la boca del infierno”. Un túnel sin ninguna luz artificial, que se hacía interminable y que intentábamos alumbrar con nuestros móviles para no dejar la nariz o los sesos pegados en alguna parte.

Fue un día agotador, de largos recorridos, pero mereció la pena, ya que tanta belleza te dejaba boquiabierto.

Los etíopes creen que el “Arca de la Alianza” está en su país, en la iglesia de Santa María de Sión. Menelik I, hijo de la reina de Saba y el rey Salomón, fue según la leyenda, el encargado de llevarla a este país y los etíopes aseguran que no les hace falta verla para saber que está allí custodiada siempre por el mismo guardián.

Nos aseguraron que en cada iglesia de Lalibela existe una copia del Arca y que tampoco se puede ver. En fin quien sabe lo cierto de todas estas historias.















Uno puede pensar que Lalibela es un pueblo grande y un poco mejor dotado que el resto del país, por aquello de que sus iglesias están consideradas patrimonio de la humanidad, pero nada más lejos de la realidad. Debido a que el turismo aun es muy escaso, Lalibela sigue siendo una ciudad de aspecto empobrecido como casi toda la nación.

Al día siguiente tomamos un vuelo doméstico desde Lalibela a Adís Abeba. Una vez en la capital cogeríamos un 4x4 para comenzar nuestras visitas por las distintas etnias del país y la primera sería la etnia Gurage que se se encontraba a unos 150 km. de la capital, así como Kamvaata y Hadiyya para dirigirnos por la mañana hacia el sur.




















En nuestro recorrido pudimos admirar el extraordinario paisaje que se abría ante nuestros ojos, cultivos de arroz, de teff, que es un cereal básico para la gastronomía etíope, ya que con él elaboran la "injera", plato típico del país y que intente probar en varias ocasiones y no fui capaz de tragar, porque el sabor es tan agrio que resulta incomible.

Las carreteras, por llamarlas de alguna forma, y su entorno están llenas de vida. Por ellas discurre la vida diaria etíope. Caminan con sus ganados y casi todo puede suceder mientras hay luz del día.

Nos detuvimos en mercados pintorescos como el de Sodo



A primera hora subimos a la montaña de los Dorze desde donde había unas vistas extraordinarias de del Parque Nacional de Nechisar.

Visitamos la etnia de los Dorze cuyas casas están fabricadas de bambu y tienen unas cúpulas elevadas con forma de elefante y unos interiores bastante espaciosos. En su interior conviven las personas y el ganado y cocinan un plato típico al que llaman “Falsa banana” que sacan de la pulpa de la palmera. Esta tribu trabaja en telares y fabrican una vestimenta coloreada que les distingue.



















Por la tarde navegamos por el lago Chamo y contemplamos una gran manada de cocodrilos tendidos al sol, así como hipopótamos y marabús.









Durante la cena tuvimos una agradable sorpresa. Nuestros compañeros de viaje habían encargado una tarta para celebrar el cumpleaños de Antonio. Debo decir que fue una gran suerte contar con unos compañeros de viaje tan especiales.







Día posterior y siguiendo nuestro largo recorrido por este pais, atravesamos el rio en unas rudimentarias canoas para visitar el poblado Dassantch.























Este día llegamos al lugar donde habitaban Los Hamer que es la etnia más representativa del Valle del Omo. Sus mujeres tienen el cabello rojizo y flequillo y sus brazos cubiertos por brazaletes. Se dice que los pertenecientes a esta etnia fueron quienes encendieron el primer fuego.



























Algo que llamo mi atención es que las mujeres jóvenes invitan a los hombres a que las fustiguen con ramas de acacias y esto les produce heridas en la espalda que les dejará marcas para el resto de la vida. Ellas se muestran satisfechas porque esto quiere decir que son elegidas por los hombres que previamente se han ornamentado para la ocasión y han seguido todo un ceremonial. Para nosotros este tipo de rituales son inauditos e incomprensibles por supuesto.

Y como no, al final visitamos la etnia Mursi. Los Mursi son una tribu que está situada en Debub Omo, en Jinka en la región del Omo Central.

Entre sus principales creencias está la de que todas las cosas que nos rodean están vivas.

Las mujeres conservan la tradición de ponerse una especie de plato incrustado en los labios y en las orejas, y sus peinados están adornados con una especie de aros metálicos y los hombres llevan dibujos blancos pintados por todo su cuerpo.



Pués bien, llegó el día de dar marcha atrás y retornar tomando el camino hacia Awasa, no sin volver pasar por diferentes mercados en los que no dejaba de sorprendernos tanta actividad.



















Awasa está a 275 kilómetro al sur de la capital. Allí se encuentra el lago del mismo nombre que es el más pequeño del Valle del Rift. En él se pueden ver todo tipo de aves acuáticas así como marabús que suelen alimentarse de los restos de pescado dado que allí está situado el Fish Market o Mercado de Pescado que suele ser bastante peculiar. Se puede ver a los pescadores comiendo pescado crudo y montones de pez-gato así como a los habitantes de diversas aldeas siguiendo el ritual de cualquier lonja que se precie. También se ve algún que otro niño que llama nos la atención contemplando el espectáculo.

















Seguimos nuestro camino hacia Adis Abeba y tras visitar de nuevo el “Mercato” de la ciudad, ya que nuestro grupo no lo había visto todavía y después de un poco de arreglo en el hotel, bajamos a cenar en aquel sitio de folclore autóctono en el que habíamos estado la primera noche de nuestra estancia en Etiopía.









Todos juntos pasamos una velada muy agradable contemplando las danzas típicas de este asombroso país y tuvimos la suerte de presenciar la celebración de una boda típica y así, rodeados por todo aquel espectáculo, brindamos por nuestra estancia juntos.







Poco después tomaríamos rumbo al aeropuerto para regresar a casa con el impacto profundo de haber visitado un lugar con un paisaje y una gente muy especial, donde el índice de pobreza profunda lo sufre una gran mayoría de sus habitantes y como no, algunos pocos viven muy bien, a costa de esa inmensa mayoría que no dispone siquiera de lo más imprescindible como el agua o la luz y cuyas condiciones de vida te sobrecogen el alma.


Te llegas a sentir culpable de todo cuanto ves. Eres consciente de tu suerte por haber nacido en un lugar favorecido, donde te quejas de las nimiedades más absurdas y puede que con el paso del tiempo se olviden momentos que te quedaron en la retina, imágenes de niños casi desnudos que te sonríen siempre cuando te ven y se alegran enormemente porque les digas adiós con la mano desde el coche o de algún anciano que te saluda paseando por la carretera, llevando tan solo por indumentaria una chaqueta que deja al aire sus piernas escuálidas sin cubrir. Que se yo, tantas imágenes inauditas e incomprensibles en nuestro mundo, mal llamado civilizado.

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