viernes, 12 de noviembre de 2010

¡Donde quedó Japón!





































¡Donde quedó Japón!. Ha parecido un sueño.

Parecían tantos días para disfrutar, y fue como un rayo que pasó a la velocidad de la luz.

Han sido 19 días muy, pero que muy intensos, pero valió la pena conocer un país tan increíble como este en el que se mezclan las más arraigadas tradiciones con la más absoluta modernidad.

Hay tres cosas que destacaría de Japón, que particularmente me han llamado la atención.

La primera de todas, “la gente”. La gente de Japón irradia amabilidad por todas partes. Su característica más especial es esa, “la amabilidad” la disposición para ayudar a otros, aunque sean desconocidos, con el más absoluto desinterés. Lo pudimos comprobar en multitud de ocasiones, cuando de vez en cuando algún Nipón se nos acercaba, sin nosotros pedírselo, con la voluntad de ayudarnos al vernos algo despistados consultando nuestros itinerarios. Es más, alguno se vino con nosotros para indicarnos exactamente donde queríamos ir o se disponía a tirarnos una foto sin que tu se lo pidieras.”¡Totalmente increíble!”.

Lo segundo a comentar es la habilidad espectacular en el cuidado de los jardines, sin una mala hierba, con una poda de árboles de lo más perfecta y definida. Entrar en un jardín japonés es una experiencia similar a la de entrar en un país encantado, en el que podrían asaltarte personajes mágicos imaginarios. El musgo, los puentecitos, cualquier planta por pequeña que sea, todo contribuye a crear la más sutil de las armonías.

Lo tercero, entre otras muchas cosas, sería el orden establecido, el respeto por él, que hace que todo funcione, que te sientas seguro entre tantos millones de personas que son capaces de coexistir de una forma civilizada; donde el respeto hacía los demás parece la primera de sus reglas.

Quizás todo esto no sean más que sensaciones percibidas en el corto espacio de tiempo que compartimos, y supongo que habrá siempre quien rompa todas estas reglas de convivencia, pero creo que es algo realmente llamativo, porque el hecho de sentir a tu alrededor una seguridad incomparable en una ciudad como Tokio, que puede que sea la más poblada del mundo, con unos 35 millones de personas compartiendo espacio, es algo que llama realmente la atención.

También están las anécdotas graciosas como podría ser la imagen de la gente en el metro, o en cualquier otro medio de transporte de los muchos que existen en este país, dormida por completo, o absorta ante la pantallita del móvil, o en las páginas de un libro o con la mirada perdida en cualquier sitio menos en otra persona. Jamás te puedes encontrar a alguien que coincida con tu mirada. Esto es muy llamativo, ni siquiera por curiosidad miran a los otros que están a su alrededor, a no ser que vayan con alguien más, que entonces si ríen y dialogan como en cualquier otro sitio.

Otra cosa llamativa fue ver a pequeños perros metidos en carricoches como si fueran bebés, ataviados con algún atuendo cursi. Es más, nos enteramos de que hay parejas que alquilan perritos para pasearlos así el fin de semana, ¡algo insólito!

En resumen, sus templos, sus jardines, sus ciudades futuristas, su comida y sus gentes, todo en Japón llama la atención de alguna manera.

Son trabajadores incansables, quizás por eso se duerman en los medios de transporte, quizás por eso se merezcan ser la segunda potencia del mundo, quizás por eso haya que admirarlos de alguna forma, compartas o no su manera de vivir.

1 comentario:

  1. Es una pena que las cosas buenas pasen tan rápido pero.....eso significa que se han disfrutado mucho.
    Muy chulo el relato.

    Un bico

    Paula

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